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ESTUDIOS BIBLICOS
 
 
Misterio Trinitario

Les aseguro que no hay cosa tan práctica en la Palabra de Dios, como el misterio de la “triunidad” de personas en Dios. La gente lo tiene olvidado, y digo la gente, los creyentes. Hay quienes se han atrevido a decir que era como un bagaje superfluo que no sabemos qué hacer con él. La Biblia entera, y no hablo del Nuevo Testamento sólo, desde el primer versículo del Génesis hasta el final del Apocalipsis está llena de alusiones, en el Antiguo Testamento, Trinitarias, y en el Nuevo Testamento, de doctrina Trinitaria. De modo que vamos a ver un tema no solamente muy interesante, muy importante, el más importante de toda la Biblia, y el más práctico como veremos, aunque no lo parezca. Pero antes vamos a dar lectura a lo que suele llamarse en el Evangelio según San Juan, el lugar santísimo. El lugar santísimo de este evangelio, que ya es un lugar santo en el Nuevo Testamento, es el capítulo 17.

Mirad lo que dice el Señor Jesucristo, palabras de Cristo: “...versículo 3...Esta es la vida eterna, quiere decir, en esto consiste la vida eterna, en que, que te conozcan a ti el único Dios verdadero y a Jesucristo a quien has enviado. En el versículo 21 dice...Para que todos sean uno, como tú OH Padre en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste...” ¿Tiene importancia o no? Veremos algún lugar después también, pero ahora voy a leer de nuevo ese versículo junto con los otros diez. Juan capítulo 17, versículos del 1 al 10 inclusive, vamos a leerlos otra vez: “...Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo dijo: Padre, la hora ha llegado, glorifica a tu Hijo para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste (los que le regalaste) Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese (antes que el mundo existiera) He manifestado tu nombre (tu persona, quiere decir) a los hombres que del mundo me diste (me regalaste); tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu Palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo (entendámoslo, hermanos, no quiere decir que no ruegue por la humanidad, aquí mundo significa el sistema anti divino y anti cristiano que está bajo el imperio del diablo, todo lo mundano, todo lo anti divino y anti cristiano está en este sistema, no ruego por este sistema, viene a decir), sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos...” Qué bien se expresa lo que veremos después.

Y aún del Espíritu Santo fijaos lo que dice en el capítulo 16, en el versículo 13, 14 y 15, son tres versículos muy importantes. Ya sabéis que, los capítulos 14, 15 y 16 del evangelio según San Juan son el mejor tratado de la Trinidad que hay en la Biblia, y específicamente el mejor tratado sobre el Espíritu Santo. Aunque no tuviéramos más que estos 3 capítulos, sabríamos sobre el Espíritu Santo lo suficiente. Fijaos lo que dice: “...Pero cuando venga el Espíritu de verdad (de la verdad, así dice el original, con artículo), él os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere (lo que oyere del Padre y del Hijo), y os hará saber las cosas que habrán de venir (incluso lo que ha de venir, las profecías) Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber...” ¿Veis, en qué forma están unidas las 3 personas? Cómo el Hijo toma del Padre, el Hijo está en el Padre, el Padre en el Hijo, y el Espíritu Santo recibe del Padre y del Hijo, porque lo que recibe del Hijo es común al Padre. Todo lo del Padre es mío, por eso dije que recibirá de lo mío y os lo hará saber. ¡Qué fabulosamente está aquí el misterio de la Trinidad! Muy bien, entonces, el misterio de la Trinidad, hermanos y hermanas, consiste en que en un solo Dios hay 3 personas que tienen en común una sola esencia, sustancia o naturaleza, cuando digo esencia, lo que Dios es, Dios es omnipotente, omnisciente, omnipresente, infinito, eterno, es amor, es luz, todas esas cosas, todo eso lo tienen en común las 3 personas. Es su esencia. Sustancia quiere decir lo que sustenta. La sustancia sustenta las apariencias o accidentes como suele decirse.

La madera de que está hecho esto, sustenta accidentes como el color, la extensión, la cualidad, etc. Según Aristóteles, accidentes que manifiestan la sustancia. En Dios no hay accidentes, porque no hay composición. Dios es simplicísimo, la sencillez infinita, sin mezcla de composición. Entonces esto es la sustancia. Y naturaleza, muy interesante, porque la Palabra de Dios no nos dice que somos partícipes, aunque no me gusta la palabra partícipes, de la esencia divina, ni de la sustancia divina, sino de la naturaleza divina. 2 de Pedro 1: 4 a “...Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina...” ¿Qué es la naturaleza? En Dios y en todo ser, la naturaleza es el principio interior de la conducta de alguien. El principio interior de la conducta de alguien. ¿Y cómo se manifiesta? Por la manera como se comporta, por la manera como se conduce, de modo que, voy a poner ejemplos incluso del reino animal, uno ve como se comporta un gato y hace la definición de gato según el comportamiento que ha visto, y ve como se comporta un perro y hace la definición de perro según como ha visto como se comporta. Pero mirad, el perro y el gato, al ser animales y guiarse solamente por el instinto, siempre obran según su especie, pero la persona humana ya no se comporta como una especie cualquiera, cada persona humana es un ser aparte. Dios no hace 2 personas iguales. Podrá hacer 2 gatos iguales, pero 2 personas iguales no.

Cada persona humana viene a este mundo hecha completamente distinta. Dios no se repite al hacer los hombres. De modo que cuando estamos fijos, que consecuencia tiene esto. Cuando a veces alguno de nosotros dice: Yo no valgo para nada, para qué nací, por qué estoy en este mundo, no le preguntes eso a Dios. Es infinitamente sabio, y cuando Él te trajo a este mundo sabía por qué. No se iba a repetir. Contigo iba a hacer una cosa nueva, totalmente nueva, que no existía, y te iba a dar un destino también distinto, y te iba a dar un día un llamamiento también distinto, y una vez llamado te iba a justificar y te iba a dar unos dones también distintos, y un ministerio también distinto, una función también distinta, todo distinto, y sin embargo, todo combinándose hacia una acción común, dentro de su cuerpo, del cuerpo de Jesucristo que es la Iglesia. ¡Veis que sabiduría tan grande!

Entonces vamos a empezar ¿Qué es personalidad? Aquí como tengo este puntero que se puede sacar, mirad, aquí tenéis un triángulo, que hasta ahora mientras alguien no lo mejore, es la ilustración mejor para explicar el misterio de la Trinidad. Al ser una figura geométrica, es una figura abstracta, por lo tanto, nunca podrá decirnos lo que es una persona, ni menos una persona divina, pero al ser una forma geométrica, es también la que más puede ajustarse para explicarnos lo que es una realidad como la que es en Dios. Cualquier otra comparación no se ajusta tanto, pero esta se ajusta de tal forma que veis 3 puntos: P el Padre, del Padre sale el Hijo por generación, “...Hoy te he engendrado...” Se llama Hijo porque tiene un Padre, y es un Hijo eterno porque tiene un Padre eterno. Sabéis cuando dice Juan en su primera epístola capítulo 2 versículo 22 “...¿Quién es el mentiroso, sino que el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo...” Una consecuencia contundente, ¿por qué? Jesucristo es el Hijo de Dios, y si Jesucristo no es eterno, el Padre tampoco es eterno. Si hay en Dios un Hijo eterno, es porque en Dios hay un Padre eterno, porque si el Hijo no fuera eterno, habría algún momento en que habría un Dios que no era Padre, porque quedaba el Hijo colgado. El Hijo tiene que significar que hay un Padre. Voy a poner un ejemplo, que siempre lo pongo como ilustración, porque lo pongo en las clases. Ya lo ponía incluso cuando era cura católico en la escuela dominical.

Recuerdo que un día le pregunté a un niño de 12 o 13 años, le digo: Oye tú eres el hijo mayor, para curarme en salud, dice sí, yo soy el hijo mayor, le digo, pues, mira te voy a decir una cosa muy rara: tu padre es igual de joven que tú, o tú eres igual de viejo que tu padre. Claro, todos los niños se echaron a reír. Les digo, bueno, no riáis, antes de que tu nacieras, tu padre era hombre pero no era padre. Cuándo fue padre, cuando tu fuiste hijo ¿verdad? Pues entonces, como padre e hijo, los 2 sois de la misma edad. ¿Veis que sencillo? Por qué se da esto. Porque en los hombres, ser hombre y ser padre son cosas distintas, un hombre se puede quedar toda la vida siendo hombre, y no se casa, y nunca es padre, pero en Dios no puede ser esto. Si en Dios hay un Hijo eterno, es porque eternamente hay un Padre. Así de sencillo, entonces el Padre eterno engendra al Hijo eterno como Él, y por otra vía, expira, hace que proceda de Él, esta es la palabra que hay aquí, el Espíritu que procede del Padre. Yo os enviaré al Espíritu que procede del Padre, procede del Padre, pero no por generación porque al Espíritu Santo, nunca en la Biblia se le dice Hijo del Padre. Dios no tiene 2 hijos, no tiene mas que uno. Esto es muy importante para nosotros porque ¿qué dice el apóstol Pablo en Romanos 8: 17 a? “...Y sí hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo...” Fijaos qué importancia tiene esto.

Como Dios Padre no tiene más que un Hijo, toda la herencia de Dios Padre le viene al Hijo único que tiene, porque si tuviera 2 hijos, la herencia se partiría. Y en ese Hijo somos coherederos, coherederos de toda la herencia del Padre que le pasa al Hijo único que tiene. El Espíritu Santo no es Hijo. Sencillamente se llama Espíritu, porque el Padre no lo engendra, lo sopla. Eso quiere decir Espíritu. Lo sopla. El Espíritu Santo es el aliento divino de calor y de fuego y de amor que procede del Padre con el Hijo, y por lo tanto es una persona que sirve de abrazo entre el Padre y el Hijo, los une de tal forma, que con ella se cierra el triángulo, sino se quedaría abierto, o se cerraría en una sola línea, pero, en esta forma se cerró, y una vez cerrado, esa divinidad puede venir a nosotros y hacernos partícipes de su divina naturaleza. Ya veremos como.

¿Es lo mismo personalidad que persona? ¡No! La personalidad, fijaos bien, hay que medir las palabras, es la característica diferencial que distingue a una persona de otra. La característica diferencial que distingue a una persona de otra. Lo vamos a ver aquí. La personalidad del Padre es esa punta por la cual se distingue del Hijo y del Espíritu Santo. En otras palabras, el Padre es enteramente Padre, infinitamente Padre y sólo Padre; no tiene nada de Hijo. El Hijo es eternamente Hijo, enteramente Hijo, y solamente Hijo, y nunca Padre. Y el Espíritu Santo es eternamente, infinitamente Espíritu, Espíritu Santo, nunca Padre ni Hijo, sino solamente Espíritu Santo. Esa es la personalidad en su ápice. Ahora, la persona no puede ser solamente una punta de un triángulo, porque entonces se quedaría en la nada. La personalidad es el extremo de la persona mediante el cual se atribuye toda la responsabilidad de lo que esa persona hace. Lo voy a explicar con un ejemplo, y también con una anécdota.

Yo tenía 14 años y empezaba a estudiar 2° de Filosofía, el 6° año de la carrera, y estábamos preparando para la fiesta de santo Tomás de Aquino, que es el patrón de las escuelas católicas, el patrón de los seminarios, y los que habíamos tenido el primer premio el año anterior entrábamos a formar aquella especie de comité que manejaba las fiestas. Y un teólogo que estaba a punto de terminar la carrera me dio un empujón y le dije: oye tú no me empujes, y me dice: no he sido yo, ha sido mi mano. Yo le respondí con una frase filosófica en latín, lo voy a traducir: “Las acciones son de los supuestos”, es decir, las acciones son de las personas, y se volvió a mí con unos ojos así se grandes: Pero hijo quién te ha enseñado eso. Oye esto se estudia en 1° de filosofía. ¿Qué quiere decir que las acciones son de las personas? Si yo tomo este libro, no digo mi mano ha tomado este libro, yo lo he tomado, mi persona lo ha tomado, ¿con qué? Con la mano. El que toma es la persona, aquello con lo que toma es una parte de la naturaleza, de modo que la naturaleza es lo que la persona emplea para actuar. En cambio, la persona es aquello a quien se atribuye la acción y la responsabilidad de la acción. De modo que si mi mano peca, yo no diré: perdón, ha pecado mi mano, tendré que decir: perdón, he pecado yo, pero usando la mano. En 2 Corintios 5: 10 el apóstol está diciendo que nos presentaremos todos ante el Tribunal de Cristo, se refiere a los creyentes, para dar cuenta allí “...de lo que hicimos mediante el cuerpo...” dice el original, mediante el cuerpo ya sea cosa mala, ya sea cosa podrida, dice el original.

De modo que, lo que hemos hecho mediante el cuerpo. Yo ahora os voy a decir una cosa: el cerebro es del cuerpo o del alma. El cerebro es del cuerpo. ¿Puedo yo pensar una sola idea sin usar el cerebro? No. En el momento en que mi espíritu comienza a pensar, comienza a usar el cerebro, y aunque yo quisiera, no podría separarme de mi cerebro para pensar. De modo que todo lo que estoy haciendo, lo hago mediante el cuerpo, de ahí que el apóstol diga que tendremos que darle cuenta de todo lo que hemos hecho mediante el cuerpo, porque sin el cuerpo no hemos hecho nada.

Entonces ya veis que las personalidades son las 3 puntas por las cuales las 3 personas se distinguen entre sí, pero la persona es algo distinta. Os voy a explicar ahora: la persona del Padre es todo esto que hay aquí empezando por arriba, pero comprendiendo todo lo que hay dentro del triángulo, porque todo lo que hay dentro del triángulo es la esencia, sustancia o naturaleza del Padre, por la cual el Padre tiene alguna realidad, porque con sólo la personalidad no tendría realidad, es algo, diríamos casi abstracto. El Hijo es todo esto pero comenzando por acá, y el Espíritu Santo es lo mismo pero comenzando por acá. De modo que siendo 3 personas distintas, tienen en común todo lo que es la Deidad, por eso dice: el Padre no es el Hijo, el Hijo no es el Padre, el Hijo no es el Espíritu Santo, sin embargo, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios, el Padre es Dios. Los 3 son Dios y no son 3 Dioses.

Cada una de las personas es Dios entero, porque si no tendrían que ser cada uno una parte de Dios, entonces sería una persona colectiva, Dios sería una persona colectiva, algo que se integra con 3 partes. No, no, no. El Padre es Dios entero, pero le deja al Hijo que sea también Dios entero, y el Espíritu Santo es también Dios entero, porque todo lo que es Dios lo tienen en común los 3. Ahora fijaos la importancia que tiene todo esto. Si cada persona es Dios entero, y los 3 tienen en común todo lo que es Dios, lo que se deduce de aquí es lo siguiente: cuando el Padre piensa algo, el Hijo y el Espíritu Santo no pueden menos que pensarlo. Cuando el Padre quiere algo, el Hijo y el Espíritu Santo irremediablemente tienen que quererlo. Todo lo que el Padre ama, lo tienen que amar el Hijo y el Espíritu Santo, y de la manera como actúa el Padre, también actúan el Hijo y el Espíritu Santo, sin embargo, como son 3 personas distintas, al actuar, cada una pone su marca personal, sin dejar de hacer la misma acción.

Os voy a poner un ejemplo que se ve claramente en los primeros versículos de la epístola a los Efesios. Es uno de los mejores ejemplos trinitarios que tenemos. Efesios en el capítulo 1 vais a saber qué maravilla como salen aquí las 3 personas, dice aquí, comienza por el Padre bendito: sea el Dios y Padre. Qué ha hecho este Padre. El Padre bendice, el Padre llama, el Padre justifica, el Padre glorifica, del Padre proviene todo lo que viene de arriba. Santiago 1: 17 “...Todo don perfecto y toda buena dádiva vienen de arriba, del Padre de las luminarias, en el cual no hay eclipse ni paralaje...” (dice el original) porque como esa luz que es Dios no cambia nunca, la sombra tampoco cambia. Por qué hay eclipse, porque el sol y la luna en la forma en que se interpone la tierra, puede hacer que se halle en medio de la luna y del sol, eclipse de sol. Paralaje, resulta que, según se mueve un astro u otro, y las distintas órbitas se van moviendo, la sombra que proyectan están en un lugar, está en otro, está en otro, pero como Dios no cambia nunca, nunca cambia la forma en que su luz nos viene a nosotros. Ni eclipse ni paralaje. Qué estupendo, todo esto viene de arriba, del Padre dice, y luego dice que este Padre nos escogió desde antes de la fundación del mundo. Él nos escogió y después de escogernos, nos predestinó para que fuéramos hijos suyos por adopción. Por medio de Jesucristo, eso lo hizo, como decimos en Aragón, porque le dio la gana, no tenía ninguna obligación, nosotros no merecíamos nada, lo desmerecíamos todo, pero Él porque quiso, porque nos amó, sin que nosotros lo hubiéramos amado, dijo: pongo los ojos en ti, y te quiero, te amo, y te voy a salvar.

Y Él nos escogió, nos llamó, nos predestinó para alabanza de la gloria de su gracia. El favor tan estupendo que Dios nos hizo, fue una gracia estupenda, y eso se merece de nosotros por toda la eternidad la alabanza, alabanza de la gloria de su gracia con la cual nos agració, dice el original en el Amado, en el Predilecto, en el Escogido, que es el Señor Jesucristo, en Él. Y ahora, en el versículo 6 entra el Hijo. Qué es lo que hizo el Hijo, fue a la cruz del calvario para cumplir el mandato del Padre y morir allí por nosotros, “...En quien tenemos redención...” ahí entra el Hijo, “por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia...”. “...Ya conocéis la gracia del Señor Jesucristo, el cual siendo rico, por nosotros se hizo pobre, para que por su pobreza fueseis enriquecidos...” Y yo digo muchas veces, hermanos, si Jesucristo nos enriqueció con su pobreza, que nos hará con su riqueza. Si con su pobreza que era lo más débil de su naturaleza humana, nos enriqueció, como nos enriquecerá con su riqueza. No se puede ni comprender ni entender ni explicar. Y esta gracia la hizo, no así una medidita cualquiera, sobreabundar, y fijaos que abundar ya significa salirse de madre, salirse las olas, “unda” en latín significa la ola, “abunda” se sale de la ola, “sobreabunda”, vuelve a salirse más todavía. La etimología de las palabras tiene una importancia muy grande porque nos da a entender lo que una simple lectura no nos da. Decimos sobreabundancia y nos deja fríos.

Cuando en Romanos 5: 20 leemos que “...Cuando abundó el pecado, sobreabundó la gracia...” que grande es esa verdad. Sabes cómo explico yo eso: Viene una inundación y marca con barro una pared en una señal especial, y claro, los hombres pueden marcar allí, hasta aquí llegó la inundación del año 1930, muy bien, hasta aquí llegó la inundación del pecado por consecuencia del pecado de Adán y Eva, pues bien, el nivel de la gracia de Dios llega más arriba, para cubrir esa línea, eso significa que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. De modo que si Adán hizo tanta cosa mala para arruinarnos, Cristo hizo tanta cosa buena para salvarnos por encima de lo que hizo Adán. Y el apóstol Pablo lo explica diciendo que de Adán nos vino un solo pecado, los demás los hemos añadido nosotros, pero Jesucristo nos salva de aquel pecado de Adán y de todos los que nosotros hemos añadido, para que así la obra de la redención suba mucho más alta que la obra de la perdición.

Dándonos a conocer el misterio de su voluntad según su beneplácito, según su buena voluntad, según su amor y misericordia, el cual se lo había propuesto en sí mismo, nadie se lo dijo, nadie se lo sugirió, nadie le dijo tendrías que hacer tal cosa. El hombre no era digno de ser salvo, pero era digno de Dios salvar al hombre. El hombre no lo merecía, pero Dios se lo merecía a sí mismo, el salvar al hombre, era digno de Dios el salvar al hombre, era digno de su amor, era digno de su misericordia, de su gracia. Y cual era el propósito, reunir todas las cosas en Cristo. Aquí hay una palabra muy, muy larga en el griego, y sabéis lo que significaba en la cultura griega, se hacía una suma, y como hacen todavía los ingleses, la suma, el total lo ponían arriba, en España no hacemos eso, la suma la ponemos abajo, yo creo que aquí lo haréis igual. En Inglaterra que todo lo hacen al revés la ponen arriba, pero lo hacen según la tradición latina, muy tradicionalistas. Los griegos ponían la suma arriba, de modo que la suma era la cabeza que englobaba todo lo que había abajo. Pues bien, Jesucristo es la suma que engloba todo lo que hay en el Universo.

Cuando Dios hizo el Universo, lo hizo para que reflejara la obra de Cristo, Colosenses 1: 16 “...Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; Sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él...” De modo que ahí está la suma. En la dispensación del cumplimiento de los tiempos, mirad, los judíos dividían toda la historia en 2 mitades, los primeros tiempos, antes de la venida del Mesías, los últimos tiempos, después de la venida del Mesías, y después solamente venía un acto final en que se bajaba el telón después del juicio de Dios sobre la humanidad. Ahora entendemos por qué dice Juan, en su primera epístola capítulo 2 versículo 18 “...Hijitos, ya es el último tiempo...” ¿Por qué? Porque han salido muchos anticristos por ahí, habéis oído que el anticristo viene, está viniendo, está llegando, pero ya han salido muchos anticristos por ahí, luego estamos en el último tiempo, claro, el último tiempo porque el Mesías ya vino, y en cuanto vino Cristo, surge el anticristo, es decir, surge quien se opone a Cristo.

Todo el que se opone a Cristo está participando del espíritu del anticristo, que será el principal opositor de Cristo en todo lo que pueda, y podrá tanto cuanto Dios le permita, pero no más. De modo que aquí está...reunir todas las cosas, las que están en los cielos y las que están en la tierra, porque ha subido por encima de todo para llenarlo todo. Como dice en el capítulo 4 versículo 10 de Efesios...subió por encima de todo para llenarlo todo. En Él asimismo tuvimos herencia, coherederos con el Hijo, habiendo sido predestinados para esto, para ser herederos conforme al propósito del que hace todas las cosas como le da la gana, según el designio de su voluntad, sin dar cuenta a nadie, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros, dice Pablo, los que primeramente, los judíos, esperábamos en Cristo. En Él también vosotros, los no judíos, habiendo oído la palabra de verdad, de la verdad, el evangelio, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en Él fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, con el Espíritu Santo prometido. Ya está el Espíritu Santo ahí. Solamente en 2 versículos se nos da la función del Espíritu Santo: el sellado del Espíritu Santo, de la plenitud hablará más adelante en el capítulo 5 y en el versículo 18 de Efesios, pero aquí habla del sellado. Y dice que Él es las arras, la prenda, el anticipo, el adelanto, no sé cómo se dice aquí.

Cuando se compra un piso, una casa, un apartamento y no se tiene dinero suficiente, al menos en España se puede hacer, se da una prima, se adelanta un depósito, con eso el dueño ya sabe que éste no se va a volver atrás, porque adelantó mucho dinerito, entonces le va pagando poco a poco. El Espíritu Santo que nos ha sido dado, es la prima que Dios nos da para garantizarnos de que ya estamos seguros para el cielo, estamos sellados. Yo digo: “paquetito certificado para el cielo”. Cada uno de vosotros, si habéis recibido al Señor Jesucristo, sois un paquetito acuñado con lacre, con lacre divino, para el cielo sin pérdida. 1 Pedro 1: 4, 5 “...para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero...” Yo reservo un pasaje de avión y ¿quién me reserva a mí? El asiento lo ocuparán si a mí me sucede un accidente, pero si yo estoy reservado, seguro que voy ¿no? Es eso lo que dice Pedro, reservada la herencia y reservado tú, reservado cada uno ¡Qué bien! Nadie nos quita esa herencia, que el Señor tiene para nosotros en el cielo. De modo que, ahora fijaos en una cosa muy importante, para que nadie os confunda, mucha gente queda confundida por no conocer la Palabra de Dios, porque le han dicho que el sellado del Espíritu Santo viene mucho después de haber recibido la salvación. Eso es una mentira más grande que un templo, como decimos en España. Mirad, los tres verbos que hay aquí están en el mismo tiempo, y para traducirlos bien, os lo voy a decir cómo habría que hacerlo. Efesios 1: 13: “...En Él también vosotros al oír la Palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, y al creer en Él, fuisteis sellados con el Espíritu prometido...”

Así, en el mismo momento en que se escucha el mensaje, y escuchándolo se recibe al Señor, en ese mismo momento la persona es sellada con el Espíritu Santo, y no hay ningún sello más, no hay ningún sello más. Esa persona, si al recibir al Señor Jesucristo se entrega a Él, no solamente como Salvador, sino como dueño de su vida, y le dice: Yo no me contento con ser un creyente carnal que se arrastra como un gusano, yo quiero ser como las águilas, quiero subir, quiero ser espiritual, y se dedica por completo al Señor, este cristiano desde el primer momento es espiritual, y desde el primer momento tiene la llenura del Espíritu Santo. Así, porque la llenura del Espíritu Santo no se hace esperar ningún momento. En el momento en que una persona se deja llenar, cuando el apóstol Pablo en Efesios 5: 18 está diciendo “...Id siendo llenos constantemente del Espíritu Santo...” Así al pie de la letra, está poniendo un presente de imperativo de la voz pasiva. Al ser imperativo, no es una opción, es un mandato. Al ser presente quiere decir que es una cosa continua, la llenura es una cosa continua, llenos desde el principio pero llenándose continuamente. Y además está en voz pasiva ¿por qué? Porque nosotros no somos los que tenemos que tomar al Espíritu Santo, sino que tenemos que dejar que el Espíritu Santo nos tome a nosotros, por eso está en la voz pasiva. Y siendo llenados por el Espíritu Santo, no dice, llenaos vosotros mismos del Espíritu Santo. El original dice: siendo llenados. De modo que, en la medida en que un creyente se deja llenar, conducir y guiar por el Espíritu Santo, la llenura es efectiva dentro de Él, y no antes ni después, ni de ninguna otra manera. Que nadie os confunda.

Cómo podemos entender algo de lo que es la personalidad en Dios. Porque para nosotros esto de decir que Dios es persona, es un poco atrevido, porque Dios en su trascendencia como se suele decir, en su infinitud radical, está distante infinitamente de todo lo creado, y es distinto infinitamente de todo lo creado, de modo que al decir que en Dios hay personas hay que tener cuidado. No es lo mismo la persona en Dios que es en nosotros, pero en Génesis 1: 26, en plural, porque son las 3 personas las que se reúnen en consejo, dice Dios “...Hagamos al ser humano, (es hombre y mujer) en nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza...” Y va a decir a continuación, en qué consiste la personalidad humana, y esa personalidad humana es semejante a la personalidad divina, porque dice: Hagamos al ser humano en nuestra imagen (sombra o silueta), conforme a nuestra semejanza. La silueta de Dios es el Hijo, y en el Hijo somos hechos nosotros, y luego viene conforme a nuestra semejanza. Allí la palabra para semejanza ya es algo más que silueta, ya es un retrato vivo. De modo que, en nuestra silueta, conforme a nuestro retrato...y señoree, etc. etc. Observemos que la personalidad humana, por lo que nos dice Génesis 1 y 2 consiste en estas 3 cosas: primero en dominar, señorear. El primer ser humano fue creado para ser el virrey del Universo, delegado de Dios para señorear en todo lo creado, y si no hubiera pecado, hubiera seguido siendo dueño en vez de ser esclavo.

Al pecar, el que era amo se convirtió en esclavo, el que era amo de las fieras se convierte en esclavo de las fieras, y teme a las fieras. El que podía dominar todo lo vegetal se encuentra con que hay espinas y abrojos, hay cardos que le punzan, hay cosas que le dañan, y no lo era antes. Después lo encontramos poniendo nombre a todos los animales. ¿Hay algo más difícil que definir? Hacer una definición significa filosóficamente, entender muy bien el género y la diferencia. Lo que tiene de común con otros y lo que lo distingue, que forman las 2 partes de una definición. Por ejemplo, yo digo: ¿Qué es el hombre? Me explicaré, quiere decir, de qué se compone físicamente, pues, entonces con Génesis 2: 7, irrevocable, se diga lo que se diga, el hombre es un compuesto de un cuerpo orgánico y de un alma espiritual, un cuerpo orgánico, sacado de la tierra, de tierra rojiza, de arcilla, dice el original, “adamá” tierra rojiza, Adán el rojizo, “dan” la sangre en hebreo, que es lo hace que sea rojo, y luego Dios mismo le sopla de su pecho un aliento de vida. Le alienta para que este hombre tenga una participación de la vida divina, con el aliento de Dios, y cuando esto se disuelve, Eclesiastés 12: 7, el cuerpo vuelve al polvo de donde fue tomado, y el espíritu vuelve a Dios que lo dio, así de sencillo.

De modo que de estas 2 maneras se compone el hombre, pero metafísicamente, según las definiciones que se hacen es otra cosa. El hombre es un animal, porque tiene un principio vital que anima, pero es un animal racional, porque es una persona que raciocina, que tiene un lenguaje articulado que ningún animal posee, solamente los loritos y los papagayos, pero como una máquina, igual que los pusieran en un disco, así son los papagayos, pero no piensan ni hablan, aunque repitan palabras, solamente el hombre tiene un lenguaje articulado, que los ateos tienen que confesar que los distingue de los monos más perfectos. No hay un mono tan perfecto que hable. En el momento en que hay un ser humano, comienza el lenguaje, algo lo distingue ¿no? Comienza a pensar y sobretodo la tercera cosa es, que es capaz de tener comunión con Dios que lo creó. No hay ningún otro ser que pueda tener comunión con Dios que lo creó, excepto el ángel, que también es persona. Los ángeles buenos, siguen teniendo comunión con Dios. Los ángeles malos, no. Pero la comunión que tienen los ángeles buenos con Dios, no es de gracia, de modo que los ángeles son superiores a nosotros en naturaleza, pero son inferiores en gracia. Les ganamos en gracia, tanto, tanto, que el apóstol se atreve a decir, que los ángeles conocen lo que es la iglesia por medio de la iglesia.

La multiforme sabiduría, la “variopinta” (de muchos colores) sabiduría de Dios, como un arco iris, es de todas las perfecciones divinas que se refractan en el espectro de la Iglesia. Por medio de eso se ve la sabiduría de Dios al formar la Iglesia y los ángeles no solamente no la conocían, según dice Pedro en la primera carta, capítulo primero, versículo 12, “abren una ventanita en el cielo, y se agachan para mirar allí de lado lo que está pasando en la tierra”. Y qué es lo que está pasando, la maravilla de la Iglesia. Los ángeles no la conocían, y la conocen por medio de la Iglesia misma. La Iglesia misma se convierte así en predicadora del evangelio, ¡qué cosa para los ángeles! Y como alguien ha dicho, cada creyente es un profesor de religión para los ángeles. Habéis visto cosa igual. Cada creyente que sabe la Palabra de Dios se convierte en un profesor de religión para los ángeles, casi parece ridículo. Pero es la verdad. Porque Él no vino a salvar a los ángeles, vino a salvar a la descendencia de Abraham.

Así lo dice Hebreos 2: 14. ¡Qué maravilla! ¡Qué responsabilidad tenemos! Pero voy a terminar con una cosa que es lo que más tiene que impactarnos, mirad, la semejanza que tenemos con la naturaleza divina, en la Iglesia, porque estamos ahora hablando de la Iglesia, consiste en que, de la misma manera que las 3 personas permaneciendo radicalmente, infinitamente distintas, tienen en común una sola naturaleza, y con esa naturaleza siempre piensan lo mismo, quieren lo mismo, aman lo mismo, actúan de la misma manera, el creyente, en la medida en que se alza espiritualmente, a ser partícipe de esa naturaleza divina, va a pensar lo que Dios quiere, va a querer lo que Dios quiere, va a amar lo que Dios quiere, va a actuar como Dios quiere, y además, esto lo va a hacer conjuntamente con los demás, porque de la misma manera que siendo 3 personas tienen en común una misma naturaleza, así nosotros, siendo muchos, somos uno, porque todos participamos del mismo pan. Recordéis 1 Corintios 10: 17, en el versículo 16 ha dicho Pablo, la copa que bendecimos ¿no es la comunión con la sangre de Cristo? El pan que partimos ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Quiere decir que al tomar esos elementos en la mesa del Señor por eso tiene tanta importancia la mesa del Señor, porque es la mesa de la unidad de la Iglesia.

Es el símbolo de la unidad de la Iglesia, a la vez que es el anuncio de la muerte del Señor hasta que venga, ahí está la Iglesia reunida en su nombre. Es la mejor unión de la Iglesia, es simbolizada en aquel pan, en aquella copa. La comunión con la sangre de Cristo significa que por medio de la fe, nos apropiamos lo que el derramamiento de esa sangre en la cruz del calvario nos proveyó, y que por medio de ese pan, por medio de ese pan nos recuerda la comunión con el cuerpo que fue roto por nosotros, para que siendo roto por aquellos agujeros saliera la sangre, un derramamiento de sangre que le produjo la muerte, y la derramó con tanta generosidad que hasta después de muerto le sacaron lo que le quedaba. Cuando ya estaba la sangre coagulada, salió sangre y agua, el suero separado de los coágulos de sangre que habían quedado. No era necesario que lo hiciera, pero, si no se hubiera dado por completo, hubiéramos dicho en algún momento de nuestra vida: AH Señor, me diste tanto, pero te reservaste un poco. Hay algún creyente que pueda decirle a Dios: Señor, me diste mucho, pero te reservaste un poco. OH que gloria que podemos decir, que Dios no se reservó nada, Él nos dio su Hijo entero, Él nos dio su Espíritu, y vino entero con los dos a morar en nosotros, y vendremos a Él, y haremos morada con Él, y viene a nuestro corazón, no para pasar unas vacaciones, sino para trabajar. Para ser que nuestro ser entero vaya siendo transformado cada día a la imagen de Jesucristo, de forma que cuando lleguemos allá, a la puerta del cielo, mirándole a Él, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es.

Nuestra personalidad, le habrá dado el Espíritu Santo el último toque de artista, de tal manera que ya, habremos sido hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Esta es nuestra gloria, este es nuestro privilegio, hermanos y hermanas, nuestra responsabilidad. Cuándo en algún momento el demonio nos tienta, cuando nos tienta la carne, cuando nos tienta el mundo, digámosle ¡No! Yo soy hijo del Rey de los Cielos, llevo la sangre real divina en mis venas, y tengo que comportarme como hijo que soy de ese Rey. Estas cosas del mundo no valen para nada, porque yo he sido comprado, no con oro ni con plata ni con piedras preciosas, sino con la sangre del Cordero inmaculado sin mancha, que fue destinado a eso desde antes de la fundación del mundo.

Voy a terminar con una frase que a mí me impactó la primera vez que la leí, no hace más de tres años y medio que la leí, pero me impactó mucho. Cuándo pensamos que desde toda la eternidad, Dios tenía ya planeado el destino de Jesucristo para morir en la cruz del calvario, decimos ¿Desde tan antiguo? ¿Desde toda la eternidad? Y esa frase dice: “Desde toda la eternidad hay una cruz de madera dentro del corazón de Dios” Cuánto me gustó esta frase. Desde toda la eternidad hay una cruz de madera dentro del corazón de Dios. No ha existido Dios, sin que ya tuviera en su pecho el plan de la redención, mediante la muerte de su Hijo en el calvario. Si hay algo que puede impactarnos, yo creo que es esto ¿no os parece? Yo quiero dejarlo ahí, porque cualquier cosa que yo añadiera, creo que empañaría el valor de lo que esa frase significa.

Francisco Lacueva



LA TRINIDAD DIVINA A LA LUZ DE LA BIBLIA

Jesús... "Les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". Mateo 28:18-19


Una doctrina trascendental. El tema es, en efecto, sumamente importante y constituye uno de los fundamentos básicos de nuestra fe. Puede decirse que sin la Trinidad de Dios, resultaría incomprensible, por no decir imposible, cuanto las Escrituras nos enseñan acerca de nuestra salvación. Pero este no es un tema para especular, sino para adorar.

La doctrina de la Santísima Trinidad se halla claramente contenida en la Biblia. Es cierto que no aparece ni una sola vez la palabra "Trinidad" en los textos sagrados; pero la Trinidad Divina esta presente en las páginas de la Biblia. Las Sagradas Escrituras no demuestran la Trinidad: la muestran.

Esta doctrine ha sido enseñada y sostenida por la Iglesia cristiana desde los primeros tiempos, siendo normalmente expresada en la siguiente fórmula: Dios es uno en esencia, pero subsiste en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. O dicho de otra manera: Dios es único, pero existe eternamente con tres distinciones bajo la figura de personas.

Debe admitirse que la palabra «persona», en ese sentido trinitario, no esta enteramente libre de objeción, pero parece cosa entendida por los escritores ortodoxos que no hay una palabra mejor. La objeción es que no puede aplicarse en su acepción común, esto es como se aplica a los seres humanos. Por ejemplo, persona, en el uso ordinario del término, significa un ser distinto e independiente; así es que una persona es un ser, y cien personas son cien seres. Pero en la Divinidad hay tres personas y UN SOLO SER.
Además, el vocablo «persona», para nosotros expresa solamente —por lo general— la idea de personalidad o individuo, pero la palabra griega para persona, significa simplemente apariencia, aspecto exterior visible de un ser humano, animal o cosa.
Es decir, no se trata del ser mismo, sino de la apariencia o aspecto exterior visible de ese ser. Dicho de otro modo: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres manifestaciones o revelaciones que Dios hace de Sí mismo al mundo y por medio de las cuales el mundo puede ver y conocer a Dios.
Es verdad que el hecho —lo tenemos que confesar— sobrepasa a nuestra comprensión, pues no se conoce nada comparable en el mundo de nuestra experiencia. Por eso es muy fácil caer en ideas confusas y errores. Pero el hecho de que la doctrina de la Trinidad este por encima de nuestra comprensión, no quiere significar que este en contra de nuestra razón.

Todas las ilustraciones para explicar racionalmente la Trinidad se prestan a establecer conceptos pobres e inadecuados. Sólo como ejemplo de la posibilidad de combinar las ideas de unidad y pluralidad, pensemos en el rayo de luz, único, que al atravesar el prisma de cristal se descompone en los siete colores del arco iris.
La Trinidad y las ciencias exactas
Consideremos ahora el Universo físico que debería reflejar a su Creador, como es lógico, de una manera muy íntima, y descubriremos que toda la Naturaleza parece haber sido diseñada para revelarnos la Trinidad. Todo la conocido del Universo puede ser clasificado bajo los títulos de espacio, materia y tiempo.
Ahora bien, el espacio, por lo menos en la medida en que lo comprendemos, consiste exactamente de tres dimensiones, cada una igualmente importante y absolutamente esencial. No habría espacio, ni realidad alguna, si hubiera solamente dos dimensiones. Existen tres dimensiones distintas, y con todo cada una de ellas abarca la totalidad del espacio.
Sin embargo, hay un solo espacio. Notemos que para calcular el contenido cúbico de cualquier espacio limitado no se suma la longitud mas el ancho y mas la profundidad, sino que se multiplican esas medidas. De modo análogo, la matemática de la Trinidad no es 1 + 1 + 1 = 1, como pretenden burlonamente los: Testigos de Jehová, sino 1 x 1 x 1 = 1.
El Dr. Nathan Wood, antiguo presidente del Colegio Gordon, ha demostrado que la doctrina de la Trinidad no sólo es matemáticamente cierta, sino que esta reflejada en toda ciencia exacta de una manera maravillosa, y con un espíritu científico libre de las restricciones del átomo materia, él propuso lo que llamó la ley de la trinidad universal.
Se trata de un estudio muy interesante. La ley que propone, reconoce que existe una estructura básica en la creación universal. Se ve obligado a aceptar el ente físico y el espiritual y a establecer entre ambos una estructura común obvia. La ciencia, anteriormente, había insistido en la existencia de una sustancia común, pasando por alto la posibilidad de que esa estructura común fuera la clave más segura para la exploración de lo desconocido. Sin dejar de ser simple ni universal, la ley de la triunidad satisface cualquier demanda intelectual. He aquí en su expresión más simple:
Concepto: 1 x 1 x 1 = 1
Concepto: 1 x 1 x 0 = 0
Aplicación:
Largo x Ancho x Alto = Espacio
Energía x Movimiento x Fenómeno = Materia
Futuro x Presente x Pasado = Tiempo
Espacio x Materia x Tiempo = Universo
Padre x Hijo x Espíritu Santo = Dios
Como puede verse, cada unidad es absoluta en sí misma, pero ninguna podría existir por sí misma. Esta es la ley de la triunidad absoluta. Así como Dios es Tres en Uno, El ha implantado esta uniformidad en sus creaciones. No cabe duda de que esta estructura es la huella de DIOS".
Apelando a la Biblia
Pero para descubrir claramente el hecho de la Trinidad Divina hemos de recurrir a la Biblia. En el Antiguo Testamento se enfatiza mucho la idea de un Dios único, en contraste con los múltiples dioses falsos de los paganos. Y el Nuevo Testamento corrobora este aspecto de la unicidad de Dios. El énfasis de la Biblia en este punto ha llevado a los «Testigos de Jehová» a rechazar la idea de la Trinidad; sin embargo, esta aparece en la Biblia con la misma claridad que la anterior. Y estudiando el asunto a la luz de las Sagradas Escrituras, encontramos lo siguiente:
Que desde el principio de la Biblia, Dios se revela como un Ser único pero múltiple a la vez. Es innegable para todo conocedor de la lengua hebrea, que Elohim, el primer nombre con que se designa a la Divinidad, es un plural.
Esta palabra, que, en efecto, aparece ya en el primer versículo del Génesis, es ciertamente la forma plural del término Elohim. La mayor parte de los teólogos, eminentes por su piedad y por su saber, han visto en este vocablo un indicio de pluralidad de personas en la naturaleza divina.
El rabino judío Simeón-ben-Joachi, en su comentario sobre la sexta sección del Levítico, explica el valor de esta palabra, en estos notables términos: «Observemos el misterio de la palabra Elohim; encierra tres grados tres partes; cada una de estas partes es distinta y es una por sí misma, y, no obstante, son inseparables la una de la otra; están unidas juntamente y forman un solo todo.»
Análisis de un texto revelador
En Deuteronomio 6:4, hallamos estas palabras notables que cada judío temeroso de Dios está obligado a repetir cada día: "Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.". Estas palabras son citadas, tanto por los judíos como por los «Unitarios» y los «Testigos de Jehová», como prueba más absoluta contra los Trinitarios. Pero precisamente estas mismas palabras, leídas en hebreo, constituyen toda una revelación y contienen la más segura y clara prueba que pueda hallarse en toda la Biblia a favor de la Trinidad: "SCHEMA, ISRAEL: ADONAI ELOHENU, ADONAI EJAD".
En efecto, al analizar por vía de exégesis el texto original descubrimos tres partículas claves importantísimas que arrojan una luz deslumbradora para captar el profundo sentido de esta solemne declaración, lo cual —¡maravillosa prueba filológica de inspiración verbal!—nos demuestra que Dios sabía lo que hacía cuando inspiró a Moisés a escribir estas palabras y no otras. Veamos:
ADONAI: literalmente significa: «Mis Señores (de «Adon»: Señor, y «ai»: Mis).
ELOHENU: es conjunción posesiva del pronombre de la primera persona del plural que se designa, significando. «Nuestros Dioses».
EJAD: expresa la idea de unidad colectiva.
En hebreo se usan dos palabras para indicar el significado de uno. La palabra uno, en el sentido de único, es decir, que se emplea para designar una unidad absoluta; es «JACHID» (Jueces 11:34). Este término nunca es usado para designar la unidad divina.
En cambio, cuando dos o varias cosas se convierten en una por una íntima unión o identificación, el vocablo hebreo que se emplea en la Sagrada Escritura es «EJAD», que significa una unidad compuesta de varios (Gen. 2:24; Jue. 20:8). Esta palabra es la que siempre se use para designar la unidad divina.
Por lo tanto, nuestro texto, literalmente vertido del original hebreo, quedaría traducido correctamente así: «ESCUCHA, ISRAEL: MIS SEÑORES NUESTROS DIOSES, MIS SEÑORES UNO COMPUESTO ES.
Símbolos y figures de la Trinidad
Hallamos en casi toda la Biblia la idea de la pluralidad de personas divinas, lo cual significa que la doctrine de la Santísima Trinidad tiene su apoyo en las Sagradas Escrituras desde el Génesis hasta el Apocalipsis.
Tres veces —nada menos que tres veces— se usa en los once primeros capítulos de la Biblia el plural NOS para designar a la Divinidad. La primera vez se habla de la pluralidad de personas divinas en relación con la creación del hombre: Gen. 1:26; la segunda vez, en relación con el pecado del hombre: Gen. 3:22; y la tercera vez, en relación con el juicio de los hombres: Gen. 11:7.
Resulta curioso e instructivo notar que las tres grandes fiestas religiosas celebradas tres veces al año por el pueblo judío muestran también un símbolo de la gloriosa Trinidad: la Fiesta de los Tabernáculos: Dios Padre; la Fiesta de la Pascua: Dios Hijo; y la Fiesta de Pentecostés: Dios Espíritu Santo.
Veamos aquí algunos textos que nos iluminan y son muy convincentes en los que se mencionan claramente a las tres divinas personas juntas: Gen. 1:1-3; Sal. 33:6; Isa. 48:16 (comparado con 1Cor. 12:3-6 y Efes. 4:4-6); Isa. 61:1-2 con Lucas 4:16-21; 61:1-2 con Luc. 4:16-21, Mat. 3:13-17; 28:19; 2Cor. 13:14; Efes. 2:18; Apoc. 1:4-5. Curiosa la experiencia de Jacob en aquel combate que sostuvo cuerpo a cuerpo con Dios. Jacob vio al Señor cara cara en una Theofanía bajo la apariencia de un ángel, y habló con El.
Pero lo que no dice un escritor lo agrega otro y arroja más luz sobre un pasaje. Así, Oseas nos muestra el contexto del episodio de la lucha de Jacob con Jehová, y nos dice: "Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en Bet-el le halló, y allí habló con nosotros" (12:4). Notemos el extraño plural. No nos sugiere otra vez la pluralidad de personas divinas en la Trinidad?
La Trinidad en acción
El Padre es toda la plenitud de la divinidad invisible: Juan 1:18; el Hijo es toda la plenitud de la divinidad manifestada: Juan 1:14-18 y Col. 2:9; el Espíritu Santo es toda la plenitud de la divinidad obrando directamente sobre la criatura: 2.8 Cor. 2: 9-16.
En Efesios 1:3 al 14 vemos a la Trinidad actuando para el hombre:
La obra del Padre: bendice (v. 3), escoge (v. 4), predestina (v. 5). ¿Para que? Para alabanza de su gloria (v. 6).
La obra del Hijo: redime por su sangre (v. 7), perdona los pecados (v. 7), descubre el secreto de su voluntad (v. 9), reune todas las cosas en El (v. 10). ¿Para que? Para alabanza de su gloria (v. 12).
La obra del Espíritu Santo: sella (v. 13). ¿Para que? Para alabanza de su gloria (v. 14).
Por lo tanto, el Padre ejerce la soberanía y decreta los consejos determinados por la Trinidad: 1Cor. 15:24-28 y Efes. 1:3-6, el Hijo ejecuta los consejos divinos: Hebreos 10:7; y el Espíritu Santo los desarrolla y aplica. Lo expuesto se pone de manifiesto tanto en la Creación como en la Redención.
Considerando un texto clave
Se impone aquí un pequeño comentario en torno al texto de Mat. 28:19: "Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Santo Espíritu". Notemos que el bautismo cristiano esta conectado con el nombre de cada persona de la Divinidad. No hay una interpretación propia de este lenguaje que no coloque en igualdad al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Si se reconoce la Deidad de una de estas personas, queda reconocida la de las tres. Es imposible hacer una distinción válida con respecto a la igualdad y semejanza. Si la Deidad del Padre es reconocida por todos los que creen que hay un Dios, con respecto al Hijo y al Espíritu, quien podría oír sin horrorizarse que el nombre de un profeta o un ángel sustituía al de uno de ellos? ¿Por qué?
Por causa de la inconsecuencia impía de exaltar a una criatura hasta igualarla con Dios. ¿Cómo sonaría, por ejemplo, esta fórmula bautismal?: «Bautizad en el nombre del Padre, y de Moisés, y de una fuerza activa» ¿No sería esto peor que una blasfemia grosera?
Pero el nombre del Hijo y el nombre del Espíritu Santo están juntos con el del Padre, y la unión es tan importante que la validez del bautismo es inseparable de ella. Si el Padre es Dios, el Hijo y el Espíritu deben ser Dios también, porque de lo contrario el texto pierde su sentido natural.
Asimismo, si el Padre y el Hijo tienen personalidad, debe igualmente tenerla el Espíritu, pues sería absurdo bautizarse en el nombre (?) de una <:fuerza> o de una simple «influencia», en conexión con el nombre del Padre y del Hijo.
Esta clarísimo que, en la ultima comisión de Cristo, la referencia al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo es a personas y no a «energías activas», puesto que las influencias, por carecer de personalidad, no pueden tener nombre propio.
Que el Espíritu Santo tiene atributos de personalidad propia, es una verdad irrefutable a la luz de los textos bíblicos, pues lo que hace el Espíritu no puede hacerlo una mere influencia impersonal. Al Espíritu Santo se le atribuye una mente: Rom. 8:7, 27; habla y comisiona: Hech. 10:19-20 y Apoc. 2:7; intercede y ayuda: Rom. 8:26 y Heb. 7:25; llama, selecciona y da ordenes: Hech. 13:2,4; aprueba decisiones: Hech. 15:28;
Prohibe y cuida: Hech. 16:6-7; dirige: Hech. 20:28; enseña y recuerda: Juan 14:26; redarguye al mundo de pecado: Juan 1 distribuye dones según su voluntad: 1Cor. 12:11; puede ser entristecido: Efes. 4:30; resistido: Hech. 7:51; insultado: Heb. 10:29; mentido: Hech. 5:3; blasfemado y ofendido: Mat. 12:31-32. Ahora bien, si el Espíritu Santo puede expresarse hablando, es porque tiene personalidad; si distribuye dones como El quiere, denota voluntad; si enseña indica que posee inteligencia; si consuela, denota emociones; si recuerda, indica conocimiento; si redarguye, es porque tiene discernimiento de las cosas; y si esta dotado de la capacidad de amar (Rom. 15:30), es porque posee, sentimientos. ¿Puede una fuerza impersonal tener todas estas facultades?
Comparando las tres Divinas Personas a un nivel de común igualdad.
Finalmente, consideremos algunos de los títulos, personales, obras y hechos atribuidos igualmente a cada una de las tres personas de la Trinidad Divina. Creemos que con ello la evidencia trinitaria se hace irrefutable a la luz la Palabra de Dios.
Los cristianos tenemos un Padre que es llamado Dios, Rom. 1:7, Efes. 4.6. Un Hijo que es llamado Dios: Rom. 9: 5; Tito 2:13; Heb. 1:8. Un Espíritu Santo que es llamado Dios: Hech. 5:3-4; 28:25-27 comparado con Isa. 6:8-10. Y si son llamados Dios es porque los tres son el mismo Dios.
El nombre de Dios el Padre es Jehová: Neh. 9:6. El es llamado también Jehová: Jer. 23:5-6. Y el Espíritu Santo igualmente es identificado con el nombre de Jehová Heb. 3:7-9 comparado con Ex. 17:7.
El Padre como Jehová Dios: 2Sam. 7:22; Oseas. 1. El Hijo como Jehová Dios: Juan 20:28. (Al dirigirse a Cristo con esta reverente expresión, el apóstol Tomas le está aplicando el titulo y el nombre sagrados que únicamente pertenecen a Jehová Dios: Isa. 41:13.) El Espíritu Santo como Jehová Dios: Hech. 7:51 comparado con 2Rey. 17:14. El Padre es el Dios de Israel: Salm. 72:18. El Hijo es el Dios de Israel: Luc. 1:1-17 (los pecadores se convertían a Cristo); v.68 comparado con Zac. 2:10 y Juan 1:14. El Espíritu Santo es el Dios de Israel: 2Sam. 23:2-3.
En efecto, los judíos ya creían en Jehová Dios, pero no creían en Jesucristo; por lo tanto, necesitaban convertirse al Mesías. Notemos como en el v. 17 de Luc. 1, se observa una identidad entre Jesús-Mesías y Jehová. Lo que en la profecía se dice de Jehová, aquí Lucas lo aplica al Mesías.
El Padre es nuestro Señor: Gén. 15:2; Mar. 12:29. El Hijo es nuestro Señor: Hech. 10:36, 1Cor. 8:6; Fil. 2:11. El Espíritu Santo es nuestro Señor: 2Cor. 3:16-17.0 Entonces, cuantos Señores tenemos los creyentes? Mat. 4:10; 6:24; Efes. 4:5.
El Padre es eterno: Sal. 90:2; 93:2; Heb. 1:10-12. El Hijo es eterno: Prov. 8:22-23, Juan 1:1, 8:58; Heb. 7:3, 13:8. El Espíritu Santo es eterno: Heb. 9 14.
El Padre es omnipotente: Gen. 17:1; 2Cron. 20:6 Efes. 1:19. El Hijo es omnipotente: Mat. 28:18; Efes. 1. 20-23; Apoc. 1:8 (comparar con v. 7 y vs. 11, 17 y 18), 3:7 (comparado con Hech. 3:14 y Apoc. 19:11-13). El Espíritu Santo es omnipotente: Isa. 30:27-28, Zac. 4:6; Rom. 15: 13-19.
El Padre es omnipresente: Jer. 23:23-24, Heb. 4:13. El Hijo es omnipresente: Mat. 18:20; 28:20; Juan 3:13. El Espíritu Santo es omnipresente: Sal. 139:7-12, Juan 14:17; 1Cor. 3:16.
El Padre es omnisciente: Sal. 139:1-6, Dan. 2:20-22. El Hijo es omnisciente: Juan 16:30; 21:17; Col. 2:2~3. El Espíritu Santo es omnisciente: Juan 14:26, 1Cor. 2:10-11. a Juan 2:20-27.
El Padre es la vida: Sal. 36:9; Hech. 17:25-28. El Hijo es la vida: Juan 1:4; 11:25; 1Juan 5:12. El Espíritu Santo es la vida: Job 33:4; Rom. 8:2-11.
El Padre es el Creador: Gen. 1:1, 26; 2:7; Isa. 45:12-18; 48:12-13; Neh. 9:6. El Hijo es el Creador: 1:3; Col. 1:15-17; Sal. 33:4; Heb. 1:2; 11:3 (comparemos Gén. 1:3 —Y dijo Dios— la Palabra, el Verbo eterno y con 1:26 también de (Gén.). El Espíritu Santo es el Creador: Gen. 1:2, 26; 2:7; Mal 2:15; Job 33:4; 26:13; Sal 104:27-30. Así pues, en el gran escenario de la Creación a Dios creando: el Padre. A Dios hablando: el Hijo Dios actuando: el Espíritu Santo.
El Padre es el Salvador: Isa. 43:3, 11; 45:21; Luc. Tito 3:4. El Hijo es el Salvador: Mat. 1:21; Luc. 2:11 2:13. El Espíritu Santo es el Salvador: 1.8 Cor. 6:11 parado con 1.8 Juan 1:7; Heb. 9:14; Tito 3:5. (La salvación es, pues, atribuida a cada una de las personas de la Deidad: 2Cor. 1:21-22.)
El Padre es el Pastor: Sal. 23:1; Eze. 34:11-12; el es el Pastor: Juan 10:11, 14-16; el Espíritu Santo es Pastor: Isa. 63:14. (Podrá pastorear una fuerza impersonal.
El Padre es el autor de la regeneración: Juan 1:12,13; El Hijo es el autor de la regeneración: 1Juan 2:29; el Espíritu Santo es el autor de la regeneración: Juan 3:5,6; (En la operación del nuevo nacimiento espiritual interviene, por tanto, la Trinidad: Tito 3:4-6.)
El Padre obró la resurrección de Jesucristo: 1Cor. 6:14. El Hijo obró su propia resurrección: Juan 2:19-22; 10:17-18. El Espíritu Santo obro la resurrección de Cristo: Rom. 8:11; 1Ped. 3:18
Los hijos de Dios tenemos comunión con cada una de las personas de la Trinidad: nuestra comunión es con el Padre y el Hijo (lJuan 1:3); y con el Espíritu (Fil. 2:1 y 2Cor. 13:14).
El Padre y el Hijo habitan en los creyentes, y nuestro cuerpo es templo de Dios y de Cristo: Juan 14:23; Apocalipsis 3:20; 1Cor. 3:16; 2Cor. 6:16; Gál. 2:20; Efes. 3:17. El Espíritu Santo habita en los creyentes y nuestro cuerpo es su templo: Juan 14:16-17; Rom. 8:9; 1Cor. 3:16; 6:19; 2Tim. 1:14.
A modo de conclusión final
Quiera el Espíritu Santo, que vive en la persona de cada creyente nacido de nuevo, y que se halla presente en la tierra para glorificar a nuestro Señor Jesucristo, iluminar con este estudio a esas almas extraviadas en los errores perniciosos de los sectarios de Brooklyn, para que puedan así participar del verdadero conocimiento de Dios y gozar de la posesión de la vida eterna por la fe que es en Cristo Jesús.
Como conclusión: "¿Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, quien hace todas las cosas en todos, es el mismo" (lCor. 12:4-6).
Nota del autor: Es muy interesante saber que uno de los libros sagrados de los judíos, El Zohar (<Esplendor>), libro escrito por Moisés de León, base de la Qabbalah («Tradición»), hace el siguiente comentario acerca de Deuteronomio 6:4.
"¿Por que hay necesidad de mencionar el nombre de Dios por tres veces en este versículo? La primera vez,
SOLO POR GRACIA
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